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	<title>#ProyectoPibeLector &#187; cuento fantástico</title>
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	<description>Proyecto pibe es un espacio de literatura juvenil, educación y aprendizaje</description>
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		<title>Trabajo Práctico</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Nov 2014 16:52:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[PROYECTO PIBE LECTOR es un blog de FICCIÓN. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. 34. Trabajo práctico Con cariño, para los últimos egresados de la 22 1. Escribir un relato fantástico en primera persona. Mínimo de extensión: 1 carilla Estimada profesora: Ahora que usted salió con eso de que se piensa quedar en... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2014/11/28/trabajo-practico/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><span style="color: #888888"><strong><em>PROYECTO PIBE LECTOR es un blog de FICCIÓN. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.</em></strong></span></p>
<h2 style="text-align: center">34. Trabajo práctico</h2>
<p style="text-align: right"><span style="color: #888888"><em>Con cariño, para los últimos egresados de la 22</em></span></p>
<h2 style="text-align: left"><b style="text-align: left;font-size: 13px">1. Escribir un relato fantástico en primera persona. Mínimo de extensión: 1 carilla</b></h2>
<p>Estimada profesora:</p>
<p>Ahora que usted salió con eso de que se piensa quedar en la escuela, no nos quedó otra que contarle la verdad. Lo decidimos entre todas, reunidas en asamblea, así que si viene alguna con que nada que ver, ni ahí o que es un invento, no le dé cabida porque siempre va a haber una renegada y va a ser para confusiones. <i><b>Quien avisa no traiciona</b></i>, ¿se acuerda? Me encantó el refrán cuando nos lo enseñó.</p>
<div id="attachment_445" class="wp-caption alignnone" style="width: 475px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/11/vuelo-de-pc3a1jaros-de-joan-mirc3b3.jpg"><img class="size-full wp-image-445" alt="Miró: &quot;Vuelo de pájaros&quot;" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/11/vuelo-de-pc3a1jaros-de-joan-mirc3b3.jpg" width="465" height="600" /></a><p class="wp-caption-text">Miró: &#8220;Vuelo de pájaros&#8221;</p></div>
<p>Se habrá dado cuenta desde principio de año, porque sabemos que tonta no es aunque parezca a veces que se hace la tolola, que a veces no estamos. Puede ser cualquiera de nosotras, cinco minutos, diez, a veces más. El récord lo tuvo Sancholuz, que se fue como veinte minutos cuando le habló el moho de la pared de durlock, pero fue una excepción. En general es poquito tiempo y eso no molesta a nadie.</p>
<p>Me explico mejor: todas en la escuela sabemos qué hacer cuando pasa. Llevamos acá adentro muchos años y estamos curadas de espanto, por decirlo de alguna manera. Para nosotras es normal y vamos a comprender que le lleve un tiempo entenderlo, que no quiera participar con nuestro método y se quiera ir. Sería una pena, porque es tan simpática. Debe saber que nos llevó años perfeccionar la cosa y que cualquier sugerencia que se le ocurra para cambiar algo, por más ínfima que le parezca, ya se nos ocurrió y salió mal. Le aseguro que lo hacemos de la única manera, así como no encontramos otra que contárselo mediante esta carta, en este momento.</p>
<p>Lo que sucede es que hay en la escuela un yo que te narra. Te cuenta una historia, ordenada cronológicamente, para escuchar. El autor no quiere que la escribamos: nos dimos cuenta enseguida cuando algunas empezamos a armar una especie de diario o crónica y se armó una que para qué le voy a contar. Lo que hay que hacer es sentarse tranquilamente sobre lo que haya a mano, quedarse quieta y concentrarse en la voz, porque no es fácil, a veces por el volumen y otras por  culpa del canal elegido, que obedece a una lógica que desistimos comprender. Es así, qué le vamos a hacer.</p>
<p>Ya sé, ya sé, esta parte se volvió confusa. Vamos despacio. Una puede ir caminando por el pasillo y ahí empieza, saliendo de la rejilla de ventilación. ¿Nunca nos vio sentadas, sin hacer nada, en lugares insólitos? A mí este año me tocó con un pájaro: se posó en el mástil del patio y tuve que soportar la historia bajo el solazo del mediodía, ¿se acuerda, profesora, que me retó cuando me vio? Qué más podía hacer, con el bicharraco mirándome fijo y el cuento que se hacía largo. Ni le digo si empieza  del inodoro, o sale del cañito que sostiene la cortina de la ventana de la cocina, con el olor a guiso que hay ahí y en el otro lado. No queda otra: si empieza hay que sentarse y escuchar.</p>
<p>Usted se preguntará quién, qué, cómo puede ser posible. No se preocupe: si se queda con nosotras (como ya dijo ayer, delante de todo el mundo), va a tener que ser oyente también. La voz nunca es la misma, ni siquiera es una voz (¿qué voz podría tener un moho parlante, no es cierto?), pero te cuenta. A veces la historia está linda, es entretenida y te da fiaca cuando termina y tenés que volver. A veces da miedo, a veces es subidita de tono y volvés toda colorada de vergüenza. Hicimos la prueba de contarnos, para saber si era una sola historia congruente, coherente y verdadera. Se imaginará que se enojó: no hubo caso, pero bastó ese momento de indiscreción para que supiéramos que no concordaba, o, por lo menos, que si se suponía que iba todo junto era un producto experimental y vanguardista. Lo seguro es que respeta un orden cronológico: en estos momentos está en la etapa de la salida de la adolescencia del personaje protagonista.</p>
<p>Usted es joven: mire si se queda y tiene la suerte de llegar a la parte de la vejez. Pensar que ya no voy a estar me hace un nudo en la garganta, qué raros son los sentimientos cuando son encontrados, ¿vio?</p>
<p>Me voy despidiendo: ahora ya sabe el porqué de las chicas sentadas por ahí en horas incorrectas, ahora puede entender las miraditas, los rumores, los guiños. No puede decir que no le avisamos: cuando el relato comience, sólo tiene que quedarse quieta, sentarse y escuchar con atención. Después de leer esto será una decisión tomada con conciencia, ¿no es cierto? Eso es lo que decían las chicas ayer, que usted tenía que saber para poder elegir bien y que no hubiera reproches si salía algo mal con el relato y había represalias por parte del autor.</p>
<p><i>El trabajo práctico terminaba allí: 1 carilla exacta. Podría haberle dado más forma al final, hacerlo más interesante con la explicación de las consecuencias de la violación de las reglas, pensó mientras buscaba la lapicera. Obedecía la consigna, estaba bastante bien para una alumna del último año. &#8220;Experimental y vanguardista&#8221;, &#8220;el autor&#8221;&#8230; la chica prometía. Escribió al pie, con su apretada caligrafía manuscrita:<b> &#8221;¡Excelente relato! ¡Te felicito, continúa siendo aplicada y perseverante y llegarás a ser una extraordinaria escritora!&#8221;</b>. Releyó sus palabras y recordó el par de aros de plástico que guardaba sin saber para qué; levantó la vista buscando el nombre de la alumna para personalizar el elogio y amortiguar el mal efecto. No había. Recordó que Sancholuz había desaparecido efectivamente unos veinte minutos de una de sus clases, hacia el mes de junio. Recordó haber sido observada por un pájaro durante un mediodía enceguecedor y pensó que la letra del trabajo práctico era admirablemente similar a la suya. Hasta parecía que el texto y la devolución que acababa de escribir al pie de la página habían sido garabateados con la misma lapicera&#8230; Observó detenidamente la inclinación de las &#8220;l&#8221;, los palitos sobre las &#8220;t&#8221;. No había dudas. Qué miedo. Mocosas insolentes, extrañas. Bromas de mal gusto, a ella. Tolola. Sintió que se le ponía la piel de gallina, guardó los trabajos prácticos en un folio y se prometió terminar de corregir por la mañana. Cinco minutos, diez, veinte, en la hora de Literatura, qué se pensaban. No tuvo más remedio que tomar una pastilla celeste y una rosa: el corazón se le salía por la garganta. Se durmió finalmente mientras unas ganas repentinas de no volver a pisar una escuela en su vida la invadían malsanamente, como era usual que le pasara a esa altura del año. Atrevidas, las mocosas. Ya iban a ver. Tuvo pesadillas.</i></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>La Bestia Peluda</title>
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		<pubDate>Fri, 08 Aug 2014 20:19:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[PROYECTO PIBE LECTOR es un blog de FICCIÓN. Cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia. 18. La Bestia Peluda &#160; El primer registro de la existencia de la Bestia Peluda data de 1962: una empleada lavaba las tazas del personal y vio un extraño ser observándola desde el ventiluz que da al patio de... <a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2014/08/08/la-bestia-peluda/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><strong><em>PROYECTO PIBE LECTOR es un blog de FICCIÓN. Cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia.</em></strong></p>
<h2 style="text-align: center">18.</h2>
<h2 style="text-align: center">La Bestia Peluda</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p>El primer registro de la existencia de la Bestia Peluda data de 1962: una empleada lavaba las tazas del personal y vio un extraño ser observándola desde el ventiluz que da al patio de la 11, entre las ramas de una higuera. Presa de una crisis nerviosa, la mujer corrió hacia las escaleras, con tanta mala suerte que cayó y se lastimó seriamente. En el libro de actas, bajo la fecha, figura el siguiente relato, de puño y letra de la directora de ese momento: &#8220;Rita describió detalladamente al animal que le provocó el susto relacionado con su accidente. Dijo que tenía el cuerpo de un gato mediano, la parte superior de la cabeza parecida a la de una nutria, ojos como avellanas, relucientes, dientes amarillos, corvos, grandes, orejas parecidas a las de un ser humano. Las patas eran perrunas, y sobresalían garras de todas ellas. Una cola finita y larga, como de rata, pero prensil, envolvía parte de su cuerpo. Por supuesto, estamos seguros de que ningún animal existente tiene semejante aspecto y esperamos que los médicos que atiendan a nuestra compañera encuentren la explicación para semejante confusión, ya que nada parecido a <i><span style="text-decoration: underline">eso</span></i> existe en la escuela&#8221;.</p>
<div id="attachment_279" class="wp-caption alignnone" style="width: 1165px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/08/Goya-El-sueño-de-la-razón-produce-monstruos.jpg"><img class="size-full wp-image-279" alt="Goya &quot;El sueño de la razón produce monstruos&quot;" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/08/Goya-El-sueño-de-la-razón-produce-monstruos.jpg" width="1155" height="1600" /></a><p class="wp-caption-text">Goya &#8220;El sueño de la razón produce monstruos&#8221;</p></div>
<p><span id="more-278"></span>Según un profesor, alumno de la 11 en esa época, el episodio realmente sucedió y provocó comentarios risueños durante muchos meses. No hubo mayores novedades hasta el 16 de marzo de 1985, fecha en la que la criatura hizo su segunda aparición pública. Esta vez, salió de una rejilla mal cubierta, algo oculta entre las plantas que adornaban en ese entonces el patio. Un grupo de alumnas que jugaban al elástico en esa zona quedó estupefacto ante la oronda caminatita de la Bestia Peluda, como quedó bautizada desde ese momento por un niño que estaba jugando al chupi sentado en el piso: al ver al animalejo, se puso de pie y salió corriendo hacia el enorme portón que comunica el patio con el interior de la escuela gritando: &#8220;¡La Bestia Peluda, la Bestia Peluda!&#8221; con una vocecita aguda que le rompió los tímpanos a todos y concentró la atención en él y no en el bicho, que muy tranquilamente le guiñó un ojo almendrado a la chica más linda del grupito y volvió a meterse dentro del hueco. Las niñas realizaron dibujos retratando la Bestia; uno de ellos fue tan bueno que ganó un concurso organizado por el Banco Provincia y quedó colgado hecho cuadro, con un bello marco dorado, desde el momento de la premiación, en la dirección de la escuela.</p>
<p>La descripción de las niñas coincidió con la de Rita, pero ese crucial elemento probatorio de la realidad de la Bestia Peluda no se conoció hasta muchos años más tarde, cuando llegó como directora una controversial y estrafalaria señora que decidió poner patas para arriba todo para limpiar. Abrió puertas que estaban cerradas desde hacía décadas, arrancó telarañas ya sólidas y espesas de mugre acumulada, plumereó los maravillosos murales decorativos, lustró maderas, escritorios, los ornamentados armarios de la biblioteca. Descubrió recovecos, una salita en donde había un banco de carpintero y herramientas oxidadas, el agujero en el alambre tejido por donde entraban las palomas al abandonado salón de actos y&#8230; el libro de actas en donde estaba el relato de Rita, copiado al principio del presente informe. Recuerdo que entré en la dirección y ahí estaba, la señora directora, inmersa en la lectura del enorme libraco encuadernado en cuero.</p>
<p>_ Mirá, mirá lo que encontré, qué interesante&#8230; escrito con lapicera fuente, ¡qué belleza!</p>
<p>Leí de reojo, por compromiso, justo, de casualidad, la descripción del animal. Pensé que me estaba haciendo una broma.</p>
<p>_ Sí, claro_ le contesté, evitando mirar el cuadro que colgaba burlonamente sobre nuestras cabezas_ Si no fuese porque lo separan décadas, diría que coincide con el retrato de la Bestia Peluda de la 11.</p>
<p>No hizo falta más. Cerró la puerta con llave (hecho que me causó una conmoción mayor que la pretendida realidad de la leyenda urbana de la escuela) y me exigió el cuento, con lujo de detalles.  Hasta hizo una recreación de los grititos del niño de las figuritas, según dijo, para estar segura de que había entendido bien. Cuando finalmente me dejó salir, agobiada y preocupada por su salud mental, se precipitó blandiendo el librote hacia la cocina, se dio vuelta y me gritó:</p>
<p>_ ¡No te preocupes, Lara, si hay una Bestia Peluda en la 11, la voy a encontrar! ¡Como que me llamo Nora!</p>
<p>Y desapareció.</p>
<p>Literalmente, desapareció. Cuando volví a trabajar, la semana siguiente, la leyenda de la Bestia Peluda circulaba vigorosa, con un interesante agregado. Después de escuchar aproximadamente cien versiones contadas por cada alumno y personal de la escuela que quiso dar testimonio sobre el caso, yo misma anoté, utilizando una lapicera común y corriente, en el gigantesco libro de actas de 1962 (único vestigio hallado durante la búsqueda de Nora dentro del edificio), el siguiente  relato de lo sucedido durante la tarde del 18 de diciembre de 2011 y la mañana del 19 :</p>
<p>&#8220;La señora directora de la 11 ha abandonado su cargo en forma irregular, por no presentar la documentación adecuada para ello. Existe una versión fantástica acerca del por qué de su partida; a pedido de ciertos profesores la registraré aquí, <i><span style="text-decoration: underline">a modo de curiosidad</span></i>:</p>
<p>Nora decidió emprender la búsqueda del legendario monstruo de la escuela, la Bestia Peluda, convencida de su realidad. Dejó este libro sobre la mesada de la cocina y se dedicó imprudentemente a desatornillar las rejillas, destapar canaletas, abrir ventiluces, destrabar ventanas y a vaciar la cocina de todos los chirimbolos útiles e inútiles que hay en ella. Se hizo la hora de partir y el personal auxiliar se marchó; ella, a pesar de las advertencias que le hicieron sus compañeros de trabajo, no quiso abandonar la insólita búsqueda y se quedó sola dentro de la escuela, encerrada, ya que la señora Mary declaró ante la policía que cerró con llave al salir y que era la única que disponía de copia en ese momento.</p>
<p>(Cuando Mary me contó su versión, añadió algo que me pareció inventado en el momento, por puro afán poético. Me dijo que esa noche en un sueño caminó frente a la escuela y al llegar a la esquina se dio vuelta para mirar el enorme edificio, vio luz en la ventana de la cocina y la sombra vacilante de Nora, recortada sobre el vidrio, observando algo que se movía sobre donde deberían estar las hornallas. Dijo que, a pesar de que en el sueño era conciente de que estaba soñando, sintió un escalofrío premonitorio y desagradable.)</p>
<p>Un vecino que había salido con su perro para que hiciera sus necesidades declaró que escuchó una voz de mujer que gritaba: &#8220;¡Te agarré, guacha!&#8221; o algo por el estilo aproximadamente a las dos de la madrugada, hecho que causó gran regocijo entre el alumnado (por imaginar a la directora a los alaridos pronunciando la palabra &#8220;guacha&#8221;) y pavor en el vecino, que no se pudo explicar el por qué de semejantes voces a esa hora en una escuela y se fue a dormir alarmado. Antes de acostarse, llamó a un móvil policial y notificó lo que había escuchado. Por eso es que todos sabemos que a las 2:30 ya no había nadie en la escuela. El móvil llegó, revisaron el perímetro del lugar temiendo un robo (cosa habitual en esa zona y en esa época), llamaron a más efectivos y se quedaron haciendo guardia hasta el otro día, cuando Mary llegó nuevamente y abrió el enorme portal. Declararon que nadie salió mientras estuvieron esperando. Nadie entró. Por eso deduzco que Nora, a las dos treinta, ya no estaba dentro de la escuela.</p>
<p>Lo que para mí es una broma de mal gusto que ya lleva demasiado tiempo para causar gracia, para el resto de la gente es cosa de la Bestia Peluda. Contra todo mi sentido común termino el informe, y aclaro que no creo una sola palabra del mismo:</p>
<p>Dicen que, al quedarse sola, Nora prendió las hornallas de la cocina y el horno. Había destapado y abierto todos los huecos de la cocina.</p>
<p>Dicen que esperó allí hasta la medianoche, y como no pasaba nada, exclamó sin darse cuenta que le vendería el alma al diablo a cambio de ver al monstruo.</p>
<p>Dicen que la Bestia Peluda, instantáneamente, ingresó a la cocina por el ventiluz que la misma Nora había abierto, usando como plataforma las ramas de la vieja higuera.</p>
<p>Dicen que se miraron fijamente, las dos, durante unos minutos que parecieron durar horas. Algunos aseguran que fueron horas que parecieron minutos.</p>
<p>Dicen que Nora exclamó en ese momento el famoso: &#8220;¡Te agarré guacha!&#8221;, que inmortalizó la frasecita, en vigencia aún en la localidad.</p>
<p>Dicen que la Bestia la miró con tristeza y luego agachó la cabeza, haciendo ruiditos de lamento, cuando apareció Satanás en persona bajo la figura de un apuesto hombre maduro y gentil.</p>
<p>Dicen que Nora, extasiada, se aferró al brazo del galán y se fue con él hacia el patio de la escuela.</p>
<p>De Nora, desde ese momento, no hubo noticia alguna.&#8221;</p>
<p>De la Bestia Peluda hay, de vez en cuando, no sólo en la 11. Se reportan apariciones de Bestias Peludas en otras escuelas, en edificios públicos o privados de todo tipo, solas o en grupo, pero estoy convencida de que es la imaginación de la gente, desmesurada, que en lugar de ver ratas ve cualquier cosa. Por si acaso, descolgué el cuadrito que adornaba la dirección, no vaya a ser que por culpa de una Bestia Peluda nos quedemos nuevamente sin autoridades&#8230; Hay que estar atentos y despiertos; ya lo dijo un gran artista: &#8220;El sueño de la razón, produce monstruos&#8221;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_286" class="wp-caption alignnone" style="width: 970px"><a href="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/08/La-Bestia-Peluda-Aylén-Giraudo.jpg"><img class="size-full wp-image-286" alt="&quot;La Bestia Peluda&quot; Aylén Giraudo" src="http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/files/2014/08/La-Bestia-Peluda-Aylén-Giraudo.jpg" width="960" height="675" /></a><p class="wp-caption-text">&#8220;La Bestia Peluda&#8221; Aylén Giraudo</p></div>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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