<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>#SoySolo &#187; soltero</title>
	<atom:link href="http://blogs.infobae.com/soy-solo/tag/soltero/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://blogs.infobae.com/soy-solo</link>
	<description>Martín París comparte anécdotas de un hombre que busca la mujer ideal. El humor y el sarcasmo son actores principales de cada historia</description>
	<lastBuildDate>Tue, 22 Oct 2013 12:27:57 +0000</lastBuildDate>
	<language>es-ES</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.5.2</generator>
		<item>
		<title>#VivoSolo</title>
		<link>http://blogs.infobae.com/soy-solo/2013/08/20/vivosolo/</link>
		<comments>http://blogs.infobae.com/soy-solo/2013/08/20/vivosolo/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 20 Aug 2013 12:45:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[departamento]]></category>
		<category><![CDATA[hombre]]></category>
		<category><![CDATA[mudarse]]></category>
		<category><![CDATA[mujer]]></category>
		<category><![CDATA[novia]]></category>
		<category><![CDATA[novio]]></category>
		<category><![CDATA[sexo]]></category>
		<category><![CDATA[soltero]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.infobae.com/soy-solo/?p=298</guid>
		<description><![CDATA[¡Conseguí búnker! Una mezcla rara de monoambiente con PH, con quince años de antigüedad pero bien cuidado. Por el barrio, cerca de la casa de mis viejos y mis amigos, pero lo suficientemente lejos de todo como para tener mi privacidad. Primer piso por escalera, contrafrente, con mucha luz, silencioso y sin expensas, tranca. Costó... <a href="http://blogs.infobae.com/soy-solo/2013/08/20/vivosolo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>¡Conseguí búnker! Una mezcla rara de monoambiente con PH, con quince años de antigüedad pero bien cuidado. Por el barrio, cerca de la casa de mis viejos y mis amigos, pero lo suficientemente lejos de todo como para tener mi privacidad. Primer piso por escalera, contrafrente, con mucha luz, silencioso y sin expensas, tranca. Costó conseguirlo. Me metía en Internet todos los días, iba a buscar la revista esa que es como un collage colorido de inmobiliarias con avisos minúsculos y siempre veía las mismas publicaciones. Pasé por momentos de excitación pero por otros de desasosiego también. De pronto, el lugar apareció. Una inmobiliaria que en vez de poner fotos del depto, mostraba una conmovedora imagen de dueño de la inmobiliaria junto a su hijo (?). Raro, pero me mandé igual y sentí que era mi lugar. Porque es verdad lo que dicen: cuando ese lugar es tú lugar, como que lo sentís adentro. Y cuando entré, lo sentí. Allí iba a vivir yo. Como cuando uno ve una mina y sabe que se va a casar con ella (a mí me pasó un montón de veces). Lo raro es darte cuenta que esto de estar solo también lo sentís.</p>
<p><span id="more-298"></span><em>¿Cómo se enciende un termotanque eléctrico?</em></p>
<p>Resulta que apenas me dieron la llave invité a mis amigos a que pasen a dar una vuelta por el lugar. Lo que pasa es que dentro de algunos días arranco a pintarlo y a mudar los muebles y quiero que vean como lo agarro y como lo dejo después (casi una muestra de orgullo personal que espero con ansias concretar). Entramos al baño y los pibes quedaron encantados con las dimensiones del bidet. Les dije que me faltaba comprar la cortina de la ducha, una jabonera, mudar mi cepillo de dientes, comprar veinte kilómetros de papel higiénico, guardar los perfumes, pastas y otros productos químicos para el cuidado corporal y listo, ya se podía usar. Pero una amiga me dijo: <em>“Tenés que comprar un tacho de basura”</em>. Yo la miré sin entender. ¿Tacho de basura? No, a mí no me va esa de tirar el papel sucio en un tacho. Se hace todo un bollo y que lo trague la cloaca.<em> “No, tenés que tener un tacho por si una chica necesita tirar una toallita femenina, Martín. ¿Sabés que vergüenza se siente no encontrar un tacho a mano en la casa de un chico que apenas conocés cuando lo necesitás?”</em>. Afirmé con la cabeza. Touché.</p>
<p><em>¿Las milanesas se empanan primero y después se pasan por huevo o al revés?</em></p>
<p>La cocina tiene una mesada amplia donde voy a poder amasar mis pastas y pizas caseras (o donde entran las cajas del delivery). De un lado va el microondas, al lado están las conexiones del lavarropas y pegado la heladera. Del otro lado una mesa de esas plegables tipo libro para el desayuno y para poner en la terraza cuando venga el calorcito.<em> “Jugos, gaseosa, agua. De alcohol poco y nada porque casi no tomo”</em>, le dije al gordo. <em>“Pero un vinito y una cerveza tenés que tener en la heladera”</em>, me dijo. <em>“No, no me gustan”</em>, le contesté yo. <em>“¿Y si viene alguien con qué vas a brindar, varón? ¿Con chocolatada?”</em>, me dijo mi amigo que abrió la alacena y empezó a contar. <em>“Un juego de platos, otro de vasos, otro de tazas, media docena de tenedores, media docena de cuchillos. ¿Y las copas?”</em>, me preguntó. <em>“¿Qué copas?”</em>, le repregunté sin entender. <em>“Comprá dos copas. Nunca sabés cuándo te toca descorchar, papurri”</em>, me acosejó el dogor y yo anoté en la lista de bazar. Touché.</p>
<p><em>¿En qué materia de Ingeniaría te enseñan a planchar una camisa?</em></p>
<p>Llegamos al salón principal. Un espacio amplio de cinco por cinco en el que ya me imaginé todo. Les hice una recorrida virtual por mi futuro living, después los hice pasar a la oficina de trabajo y por último los conduje hasta la habitación, todo ahí, todo juntito, fue más que nada un viaje imaginario dando un par de pasos hacia adelante y corriéndonos unos metros hacia el costado, nomás. <em>“…y acá voy a poner la cama”</em>, les indiqué. <em>“¿Futón o te compraste un sommier?”</em>, me preguntó el negro. <em>“No, me llevo la mía, la de mi pieza”</em>, le dije. El moreno se me acercó: <em>“¿O sea que te estás por ir a vivir solo y no te vas a comprar una cama de dos plazas?”</em>, me preguntó casi sin poder creerlo. <em>“Eh… sí, pero igual mi cama tiene otra abajo, o sea que si se queda a dormir alguien puede hacerlo… en otra cama”</em>, le contesté casi con vergüenza. El negro me arrinconó contra la pared. <em>“Ahora te vas a la colchonería, y te comprás un colchón de dos plazas, con resortes y en un pago. En menos de un mes, quiero encontrar al menos la mitad de los fierros vencidos de las veces que vas a hacer rechinar esa cama, ¿me entendiste?”</em>, me disparó sin sacarme los ojos de encima.<em> “Sí, señor”</em>, le contesté tragando saliva. Touché.</p>
<p><em>Se limpian primero los muebles y por último el piso, ¿no?</em></p>
<p>Mudarse, irse de la casa de nuestros viejos, es un cambio más profundo del que pensamos. Como que al principio uno no se da cuenta de que está a punto de afrontar viejas responsabilidades que hasta ese momento recaían en otras personas. Independizarse es depender de nosotros mismos y ahora, de a poco, me voy dando cuenta que, quizás, mudarse solo también sea preparar el terreno para una potencial compañía ¿no? Ah, una cosa, ya que por estás acá te pregunto…</p>
<p><em>…¿la ropa se achica si la lavás con agua caliente o fría?</em></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogs.infobae.com/soy-solo/2013/08/20/vivosolo/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Un cuarto kilo de tramontana</title>
		<link>http://blogs.infobae.com/soy-solo/2013/01/08/un-cuarto-kilo-de-tramontana/</link>
		<comments>http://blogs.infobae.com/soy-solo/2013/01/08/un-cuarto-kilo-de-tramontana/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 08 Jan 2013 11:10:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín París</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[conquista]]></category>
		<category><![CDATA[fama]]></category>
		<category><![CDATA[helado]]></category>
		<category><![CDATA[hombre]]></category>
		<category><![CDATA[mujer]]></category>
		<category><![CDATA[novia]]></category>
		<category><![CDATA[sexo]]></category>
		<category><![CDATA[soledad]]></category>
		<category><![CDATA[solo]]></category>
		<category><![CDATA[soltero]]></category>
		<category><![CDATA[televisión]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.infobae.com/soy-solo/?p=110</guid>
		<description><![CDATA[Los sábados me cuestan. Es el día de la semana en que uno aprovecha para salir y, cuando estás soltero, muchas veces pasa que tus amigos tienen algún casamiento, cumpleaños, asado con compañeros del trabajo y es ahí cuando te das cuenta que estás realmente solo. Muchos sábados a la noche me quedo encerrado en... <a href="http://blogs.infobae.com/soy-solo/2013/01/08/un-cuarto-kilo-de-tramontana/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Los sábados me cuestan. Es el día de la semana en que uno aprovecha para salir y, cuando estás soltero, muchas veces pasa que tus amigos tienen algún casamiento, cumpleaños, asado con compañeros del trabajo y es ahí cuando te das cuenta que estás realmente solo. Muchos sábados a la noche me quedo encerrado en mi casa pensando que son mucho más dolorosos que los domingos, porque si un sábado a las nueve de la noche no te estás preparando para salir, quiere decir que, probablemente, aquel día sólo te acompañará tu soledad, pero los domingos… los domingos están naturalmente destinados a la depresión (si hasta a Dios le pintó el bajón). Sin embargo, como la necesidad tiene cara de hereje y perfume de mujer, desarrollé una estrategia para estos días en los que intento apagar desesperadamente las brasas que hacen arder mi corazón. Un procedimiento tan sutil que ni al mismísimo Napoleón Bonaparte se le hubiese ocurrido imaginar: me compro un cuarto kilo de helado de tramontana y me miro una peli tirado como un cerdo en la cama.</p>
<p><span id="more-110"></span></p>
<p>Los sábados son días en los que se viven muchas cosas únicas acompañado. Sinceramente, confieso que tuve la fortuna de haber vivido fines de semana inolvidables, con compañías encantadoras que me hacieron muy feliz y hasta con las que me entregaba a ciertos placeres mundanos. Pero cuando uno se tira como un chancho depresivo con una cuchara y un tarro de telgopor relleno de crema con galletitas de chocolate y dulce de leche repostero a ver un estreno de cine en su casa (de esos en los que ves la silueta de un tipo que se levanta para ir al baño en el clímax de la película) a veces termina viéndose envuelto en situaciones bastante curiosas y tristes.</p>
<p>Es difícil conquistar a una mujer muy deseada, como una estrella de cine, por ejemplo. Yo, por mi trabajo en la cocina de la televisión, tengo la oportunidad de cruzarme con muchas chicas de esas que arrancan suspiros al por mayor. Podría pecar de nabo diciendo que no todas son como se las ve en pantalla (algo de cierto hay en eso), pero es innegable que la caja boba las envuelve de cierto halo impenetrable que las hace mover con una seguridad que no todas las mujeres tienen. Por eso, el día que enamoré a esa bailarina de TV que todo el mundo amaba, me sentí tocar el cielo con las manos.</p>
<p>Me acuerdo que la vi por primera vez moviendo su hermoso cuerpo al lado de un conductor que lo único que tenía que hacer era sonreír a cámara y leer las cartulinas que le preparaba. El tipo no era siquiera capaz de cumplir esa simple tarea. Pero igual la culpa era mía: le sostenía los carteles torcidos porque me babeaba viéndola a ella contonear su candente figura. Su cuerpo estaba marcado y turgente por horas de ensayo, tenía una sonrisa de esas que te encandilan al verlas y una gracia al moverse que pocos artistas poseen. Yo sentía que era tan evidente su destino de estrellato que un simple productor, que es como la borra de la televisión, no tenía chances siquiera de mirarla sin sentirse a años luz de distancia. Pero como la porfía hace a nuestro oficio, fui dejándole leves señales para que ella notase que me interesaba.</p>
<p>Siempre era yo el que la llamaba para citarla al programa y en esas charlas le preguntaba cómo estaba, cómo se sentía, qué buscaba en un hombre (disimuladamente). Ella me cortaba y aparecía a la hora citada en el estudio con su bolsito en mano y sus polainas (uf… las polainas). La verdad que ni me registraba (pasamos una temporada sin que ella supiese siquiera cómo me llamaba), pero un día, aproveché una situación fortuita para jugarme mi única chance con ella. Resulta que agarré la rutina del programa y, aprovechando un ensayo de las bailarinas en el decorado y una tardanza del conductor, le pedí a la vestuarista y a la maquilladora que me preparasen como si fuera una estrella de Hollywood y salí a sonreír frente a las cámaras. Al principio las bailarinas me miraron raro (sobre todo ella que no sabía quién era ese flaco que estaba segura no haber visto nunca antes en su vida), pero después, tanto el equipo técnico como los productores y artistas que me rodeaban entendieron que le estaba por declarar mi amor y se coparon siguiéndome el juego.</p>
<p>Ahí miré el monitor y vi que estaba saliendo al aire para miles de espectadores. Escuché que los teléfonos comenzaron a sonar con televidentes que preguntaban quién era ese tipo que se animaba a hacer el ridículo por amor. Lo vi llegar al productor general junto al gerente de programación con ojos brillosos sin poder creer que uno de sus esclavos postmodernos estaba contaminando la pantalla de su canal. A mi ya nada me importaba, sólo hacerle saber a esa mujer, que rechazaba ofertas de amor a diestra y siniestra, que yo también me ponía en la cola para conquistarla para siempre. Y fue entonces, en medio de esa locura mediática, que me acerqué a ella y le pregunté: <em>“¿Querés ser la co-conductora de mi corazón?</em>”, y la bailarina, tras mirarme de arriba abajo, me contestó: <em>“Tenés tramontana en el pecho, pibe”</em>. Entonces, me corrí la camisa, y descubrí una galletita de chocolate derritiéndose sobre mi cuerpo, sentí mi sueño esfumarse, vi una película pirata terminarse. El sol asomaba por la ventana. Por suerte ya era domingo (o lo que es lo mismo, otro sábado a la noche en soledad superado).</p>
<p>Ya fue, la semana que viene me pido medio kilo.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogs.infobae.com/soy-solo/2013/01/08/un-cuarto-kilo-de-tramontana/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

<!-- Dynamic page generated in 0.711 seconds. -->
<!-- Cached page generated by WP-Super-Cache on 2017-01-29 21:55:32 -->
